"Yo soy el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, Amén; y tengo las llaves de la muerte y del Hades."
— Apocalipsis 1:18
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En la isla de Patmos, Juan recibe una visión. Jesús, radiante de gloria, le habla directamente. "Yo soy el viviente." Estas palabras lo abruman con su poder. Quien murió ahora habla, viviendo ante él.
"Estuve muerto." Jesús no niega su muerte, ni la oculta. La muerte en la cruz fue real. Pero no es todo. "He aquí." Esta palabra exige nuestra atención—abre bien los ojos y mira. Contempla al que está ante ti.
"Tengo las llaves de la muerte y del Hades." Esta es la conclusión. La muerte abre y cierra solo por orden de quien posee las llaves. Jesús las sostiene en sus manos. La muerte ya no abre puertas a su antojo. Tampoco el Hades. Toda autoridad reposa en las manos del Resucitado.
Juan envía esta visión a iglesias perseguidas. En una época donde emperadores romanos wielan el poder, ellos vivían bajo amenaza constante de muerte. A esa oscuridad llega esta palabra: Las llaves de la muerte no pertenecen al emperador. Pertenecen a Quien vive ahora mismo. Hoy mismo esta palabra nos alcanza.
🙏 Oración del Día
Señor viviente, te alabamos no solo por haber resucitado de entre los muertos, sino por sostener en tus manos las llaves de la muerte y del Hades. Cuando lo que temo parece poseer poder real, recuérdame en cuyas manos están las llaves. Hoy confío en ti, quien vives por los siglos. En el nombre de Jesús, Amén.